“El bordado de Carbajales es único en su esencia. Lo es por la mágica atracción de su colorido y la sabia y equilibrada combinación  de sus temas y sus colores. Su sola presencia atrae y su conjunto no es superado por ningún otro conjunto de nuestra geografía”.

Herminio Ramos Pérez


Carbajales de Alba y su comarca son conocidos principalmente a través de los bordados y el traje típico; una artesanía que se viene desarrollando en la zona al menos desde el siglo XVI; hasta el punto que, a través de ellos, el nombre de Carbajales ha adquirido cierta relevancia a nivel nacional e incluso internacional. Como no podría ser de otro modo, la villa de Carbajales ha adoptado sus bordados artesanales como seña de identidad propia, destacando sus fiestas patronales, en las que la procesión de su patrona se convierte en un magnifico desfile de trajes tradicionales. Hasta tal punto se identifican las gentes de la villa con sus bordados que incluso su patrona, la Virgen de Arboles, luce orgullosa un traje carbajalino cada ocho de Septiembre.

Pero además de ser todo un símbolo local y comarcal, el traje de Carbajales y su comarca han representado a la provincia de Zamora desde hace bastante tiempo –dos centurias al menos– en acontecimientos socio-culturales, certámenes artesanales y exposiciones folklóricas, llegando a convertirse en todo un símbolo de la provincia fuera de sus fronteras. Grandes eventos como las recientes Europeades celebradas en Zamora han tenido al bordado de Carbajales como símbolo destacado.

Características del Bordado Carbajalino

El paño-soporte no puede ser una pieza de poco valor y consistencia; suele ser lienzo o paño casero, según los casos, sobre el que se borda, con hebras contadas de lana, en colores rojo, amarillo, verde, azul y negro. En la actualidad se ha ido incrementando la riqueza cromática, incorporando morado, blanco y rosa. Además, el colorido del bordado se conjuga con el del lienzo o paño soporte, que también puede variar, intentando siempre buscar el contraste, dejando las diversas combinaciones a iniciativa de la bordadora. El estilo del bordado es macizado y huye del “espacio vacío”, pudiendo parecer en ocasiones excesivamente abigarrado, aunque las bordadoras prestan gran atención a lo que ellas denominan “economía de los colores”.

En cuanto a los motivos decorativos, suelen ser múltiples, no existiendo pautas estrictas para la selección de los mismos. Se deja, en parte, vía libre a la creatividad de la bordadora. Predomina la decoración floral. Son protagonistas los motivos fitomórficos geometrizados, con autentico derroche de flores, hojas, tréboles, capullos, campanillas, tulipanes,…; además, es frecuente la presencia de pequeños búcaros, cestas o macetas de las que a veces surgen los ramos; hay también abundantes formas florales cordadas, o corazones simbólicos más explícitos. Menos generalizados, aunque si aparecen con cierta frecuencia, sobre todo en los bordados más antiguos, son los motivos zoomorfos, siendo frecuente la aparición de pájaros, pero también podemos encontrar mariposas o leones. Además podemos encontrar también figuras geométricas difícilmente identificables.

Como remate de las piezas se suele recurrir al trenzado de varias guías de lana, de los mismos colores que el bordado. También es frecuente rodear las labores con caireles o formaciones de festón al aire en el borde de las piezas.

Pero además del bordado se han utilizado con frecuencia en Carbajales y su zona de influencia otras técnicas como el picado (tejido recortado que se sobrepone sobre el paño-soporte) y, más modernamente, el estampado. Incluso podemos encontrar técnicas intermedias, como el bordado-picado (o sobre-puesto) y el ilustrado (hecho a base de lentejuelas, huevecillo y agremanes sobre bordados, picados y estampados).

Los materiales tradicionalmente procedían de la propia comarca, obteniendo paños de lino o lana de muy buena calidad; tanto en la Villa como en los pueblos de la comarca (Manzanal, Muga, Vegalatrave…) había numerosos telares, batanes, destilerías… Hoy en día lo normal es utilizar el paño de Béjar. Además, las piezas eran teñidas con técnicas artesanales, usando plantas de la zona, abundando los tonos amarillos-pajizos, rojos y, más recientemente negros. Por ejemplo, para la obtención de los tonos amarillentos era común la utilización de gualda, una planta fácil de encontrar en los alrededores del pueblo.

En cuanto a las técnicas de realización, tradicionalmente el bordado se ha hecho sin “falsilla” ni dibujo previo, por lo que los bordados más antiguos parecen más toscos y poco cuidados. En la actualidad sí que se emplean plantillas, siendo frecuente la repetición de cuadros e incluso la copia exacta de piezas ya existentes. Se suele bordar sobre bastidor rectangular graduable, en el que se monta el tejido; después se trazan líneas auxiliares con hilvanes para dividir el espacio en cuadrantes, en los que se instalan las composiciones que constituyen la unidad o muestra.

Los bordados se realizan fundamentalmente sobre piezas de indumentaria femenina. De hecho, el bordado constituye cerca de un noventa por cien del traje de carbajalina. En la actualidad, el bordado aparece en la mayoría de piezas del traje femenino, así podemos encontrarlo en  manteos, mandiles, gabachas, faltriqueras, cintas de moño y traseras e, incluso, en los zapatos.

El bordado carbajalino aparece en una zona de fuerte personalidad cultural e histórica; dentro de una unidad geográfica, la comarca natural de Los Carbajales o Tierra de Alba, situada en el centro de la provincia de Zamora, ocupando los valles inferiores del Esla y del Aliste, a pesar de lo cual no es un hecho aislado en el contexto cultural de Alba, ni en el de la zona Oeste. Existen bastantes puntos de coincidencia entre el traje de Carbajales y el leonés o el charro salmantino. Además de contar con muchas piezas idénticas o similares, hay un rasgo que los hermana: el predominio de las flores y el color en el traje femenino, así como el empleo de lentejuelas, corales, gargantillas…

Orígenes del Bordado Carbajalino

Por todos es conocido el Bordado de Carbajales, pero quizás no sea tan conocido su origen de leyenda....

Aún hoy circulan por el antiguo Condado de Alba de Liste viejas historias que relatan el origen del bordado carbajalino. Cuenta la leyenda que ante la inminente boda de dos de las más afamadas damas de la Villa, ambas encargaron el traje de novia a las mejores bordadoras de la zona, quienes pusieron todo su empeño en que su traje fuera el más llamativo y vistoso. Cada uno de trajes debía destacar por encima del otro, llegando a surgir una gran rivalidad entre ambas familias, tanta que fueron presionando a las bordadoras hasta conseguir unos trajes completamente cubiertos de decoración y ricos bordados. Una de esas vetustas coplillas, recogida hace ya unas décadas en Carbajales, dice así:

                                              El traje de Carlinda costó seis reales                                                                                                                                            que pagaron los duques a la Corrales                                                                                                                                           y el de Teresa, primoroso en colores                                                                                a la Guardesa.

Históricamente, las primeras referencias documentales del Bordado Carbajalino datan del siglo XVI, época en la que Carbajales destaca ya como capital del antiguo Condado, además de constituirse como punto estratégico en las continuas guerras fronterizas con Portugal, lo que hizo surgir una floreciente industria, destacando ya entonces la actividad textil.

Durante los siglos XVII y XVIII la Villa es sitiada en varias ocasiones por tropas portuguesas, siendo arrasados varias veces los telares y batanes, además de importantes fábricas de curtidos, lo que  provocó un fuerte declive de la industria carbajalina.

Ya a comienzos del siglo XIX se produce un resurgimiento de la artesanía textil, pudiendo datar en esta época las viejas historias antes citadas. Esta fue una época de actividad frenética en Carbajales, pudiendo encontrar, casi en cada rincón, un bastidor montado con paño bien tensado y un par de bordadoras que, aún centradas en su trabajo, iban recitando antiguas canciones transmitidas de forma oral de generación en generación. 

Pero será ya bien entrado el siglo XX cuando el traje carbajalino suscite la atención de folcloristas y etnólogos de renombre, destacando entre ellos Jacinto Alcántara, quien en 1930 crea en Carbajales el primer Taller de Recopilación Artística, estudiando y difundiendo las técnicas y los motivos decorativos más empleados en Tierra de Alba. Además, por esas mismas fechas, la Escuela de Cerámica Madrileña realiza en Carbajales su curso de verano, dejándonos una importante colección de estampas en las que el traje carbajalino es protagonista.

Ya en 1940, pasado el duro golpe de la Guerra Civil, y auspiciado por Carlos Pinilla, se levanta de nueva fábrica el actual Taller de Bordados de Carbajales, estando financiado por todos los pueblos del antiguo Condado. 

Actualmente, y tras varios años de letargo, el Taller de Bordados de Carbajales vuelve a dedicarse a la función para la que fue creado, en el bordan de nuevo las expertas manos de algunas carbajalinas, perpetuando así la tradición y adaptándola, en lo posible, a las corrientes más actuales de la moda. Además, una de las zonas del edificio se ha convertido recientemente en el Museo del Traje Carbajalino, un lugar donde poder apreciar y comprender la rica artesanía textil de la zona. Así, la tradición del Bordado Carbajalino se mantiene y sigue deleitandonos con sus brillos y colores.